Imagina verter mantequilla derretida y tibia en una reducción de vino. En un segundo, la mezcla se separa y un charco grasiento de aceite flota sobre grumos opacos. Este desastre en la cocina frustra a cualquier cocinero. Un segundo tiene los inicios de una obra maestra culinaria; al siguiente, contempla un desastre poco apetitoso. Sin […]
